“Estiu 1993” se podrá disfrutar en la clausura del festival

“Estiu 1993” se podrá disfrutar en la clausura del festival

La ópera prima de Carla Simón se estrenará en Menorca el sábado 22 de Julio en la plaza de la Catedral de Ciutadella

Carla Simón dirige su primer largometraje, Verano 1993, de una forma brillante, elegante y casi perfecta. Una película que, sin tener un aire demasiado dramático, nos explica de una forma muy tierna, delicada y dura la soledad y la confusión de una niña que acaba de perder a sus padres y tiene que vivir con su tío, la tía y la prima. Un filme que sigue casi en todo momento la protagonista, Frida, interpretada por una notable Laia Artigas, que con su corta edad ya demuestra unos buenos registros como actriz. Además, la cámara está en constante movimiento y esto hace que el espectador se pueda sentir dentro de la historia y estar más cerca de la protagonista, con unos planos largos e intensos, a veces sin ninguna palabra ni melodía, y que son excelentes. De hecho, es un acierto que no haya banda sonora en el filme, salvo tres o cuatro canciones que se oyen de fondo en alguna escena, porque esto crea más tensión en algunos momentos muy duros para la protagonista y su familia.
El hecho de que Artigas sea prácticamente en todo momento en escena hace que no se preste atención a los otros personajes, pero también hay que destacar las interpretaciones de Bruno Primo y David Verdaguer, que están en un nivel alto. Es muy difícil trabajar con intérpretes jóvenes, y la directora lo hace por partida doble. En escena también podemos ver a la pequeña Paula Robles, que por su edad también lo hace muy bien. Especialmente entrañables son los momentos en que Robles y Aritgas son las dos únicas personas en escena. La complicidad que se tienen, las miradas y el diálogo que tienen ya hacen emocionar.
Hay que decir que la película en sí no tiene demasiados giros de trama, pero la auténtica grandeza de Verano 1993 es que se explica todo con mucha ternura a pesar de que se trata de una historia bastante cruda. El espectador tendrá que sufrir, pero también emocionarse con momentos de lo más entrañables, con un final que es una mezcla de estos dos sentimientos: miedo y emoción. Nada más se le puede pedir en este final.
Verano 1993 es un retrato íntimo y biográfico de la misma directora que decide compartir con todos nosotros con mucho sentimiento y desde la mirada inocente de una niña. Una película en la que se respira emoción, nostalgia, tristeza y esperanza y que tendremos la oportunidad de ver en la Plaça de la Catedral, en la clausura del Festival de Cinema de Menorca. ¿Qué mejor final para el festival que este filme que ha captivado en el Festival de Berlín o el Festival de Málaga?

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